miércoles, 8 de mayo de 2013

Cianuro y Ricina

Las historias de amor suelen ser las más venenosas...


Cianuro, era un muchacho que vivía a las afueras de una ciudad plagada de fábricas de productos químicos. Era un muchacho que ya estaba para graduarse de la escuela, le quedaba muy poco. Era responsable, tenía gran gusto por el jazz y se grababa en su habitación con un viejo bajo que había logrado persuadir a un amigo que se lo prestara. Era de una familia de clase media, que no tenía muchos recursos económicos para pensar en costearle una universidad, pero habían logrado que estudiara con media beca en el mejor colegio de la ciudad. Quería ser artista o músico. Era bueno con su instrumento y su cuarto logró plagarlo de dibujos de una forma muy particular: empezó a tapizar las paredes con hojas de papel reciclado y cartón sobre la que con tintas orgánicas, acuarelas, unos óleos viejos que había encontrado en una tienda de pintura que quedaba a dos cuadras de su casa; hizo como si su cuarto fuera una porción invisible, retratando lo que estaba rodeando ese lugar exactamente como es, sin la perturbación de hormigón que le daba su habitación al paisaje. Su padre, Azeótropo, era un tipo bonachón, con bigote carboxilado y que lucía unas mancuernas eutécticas a toda hora con una camisa que impecablemente su esposa, Isoterma, le tenía siempre almidonada de manera perfecta. Azeótropo era técnico en jefe de la planta productora de alcohol rectificado, que era el combustible que movía a todas las máquinas, con mayor eficiencia que los octanos. Isoterma había logrado ser una importante estadista de una compañía de textiles sintéticos, pero fue despedida por personal molecularmente más calificado, de manera que se dedicó a las labores del hogar.

Cianuro tenía buena relación con sus viejos, aunque últimamente con su padre había discutido el proyecto de ampliación de la fábrica donde él trabajaba. Cianuro admiraba mucho cuanto había para dibujar, y usaba, curiosamente, modelos de esferas y barras en sus dibujos, que al mirarse de lejos, creaban una ilusión tridimensional del objeto que dibujaba. 17 años de vida, le habían otorgado ese don y también aquel de ser tratado como raro por muchas personas en su escuela. Aunque él nunca sintió que fuera de esa manera.

En las noches, salía en su bicicleta de níquel-cromo hasta una colina que quedaba casi al otro lado de la ciudad solo para ver como ese paisaje humeante de esa ciudad difuminaba la luz de las lámparas de sodio y película fosfatada que aún no tenían una mejora. Fumaba un cigarro, dibujaba, meditaba unos minutos y al final, en una banca y una caneca quedaban la cajetilla y las colillas de lo que había sido una noche productiva.


                                                       *                    *                    *

Ricina era una mujer de 17 años, muy hermosa, de una figura sutil y enérgica, como el carbohidrato del que estaba hecha, tal vez un poco presumida, por pertencer a la familia Lecitina, que se conocía por su poderoso imperio de productos alimenticios a base de soya, que se estaban convirtiendo en los preferidos de una sociedad consumista. Sin embargo, las apariencias engañan. Ella lograba ser una mujer que iba en contra de las convicciones de consumo de su familia, y a pesar de vivir en uno de los más lujosos vecindarios, nunca pidió más cosas que las necesarias. Su habitación, no era rosa, tenía paredes verde aceituna que le daban un aspecto lúgubre con conrtinas vinotinto, y en ellas montones de carteles y pendones de sus bandas favoritas: "Basofílica", "Billy Serotonina y Las Dopaminas", "Rocksótopo" y "Las Auxinas" sobresalían entre ellos. Un escritorio con un portátil, regalos insulsos y un armario lleno de botas de muchos colores, shorts de jean y bufandas. Sus primos la miraban como bicho raro por su vestuario y maquillaje, pero ya había dejado de ser complejo para la familia, entre la permisividad en la crianza que se habían dado todos. Tenía una mancha en su cintura, que tenía la forma del fruto del Castor, por lo que sus padres de ahí le habían otorgado su nombre.

Disulfuro y Glicosilasa se llamaban su padres, que querían siempre mostrarle una postura estricta, que Ricina siempre evadía con su elocuencia y la ayuda de sus amigas, a quien en realidad a veces solo veía como excusa para su soledad y para acompañarse a veces, a probar la nueva droga de moda en los bares clandestinos de la ciudad. Era delgada, odiaba la soya y los propios productos que producía la fábrica de su padre le daban náuseas. Aparecía a hurtadillas en su casa, con algunos miligramos de droga y alcohol en su delicado cuerpo, que incluso con un trajín casi diarío, no veía alteración en belleza. No quería estudiar economía, pero sus padres estaban dispuestos a convencerla a como diera lugar. Asistía a la Escuela Técnica Protéica y Lípida, la mejor de la ciudad.


(Sí, allí también estudiaba Cianuro)


                                                 *                               *                               *


Nunca se habían hablado, pero dicen en la química de la vida, que los compuestos con el mismo efecto se atraen, y por esas fechas, el curso en el que se encontraba Cianuro se enfrentaba en un partido de Atomofútbol, al curso donde estaba Ricina. El partido se había tornado de pierna fuerte, debido a que una voraz lluvia ácida había dejado el campo en muy malas condiciones, pero que el juez no decidió aplazar, pues definía la final del torneo en la Escuela. Ricina solo alentaba a sus compañeros que podían, eventualmente, darle información sobre los sitios donde podría ir a rumbear sin ser molestada por la PM. (Sí, la Policía Molecular). Y pues ella pagaba un precio alto por eso con una fama que le daba igual. Entre tanto, Cianuro solo era un simple lateral, que jugaba en el partido y era veloz. En todos los 13 partidos disputados, contando el actual, había marcado un gol, y ese había sido el que, al final, le daría la victoría a su equipo, que había ganado en el partido de ida y empatado en este, que había dejado más barro que buen fútbol.

Ricina se había ido antes del partido, detrás de uno de los muchachos de su curso, tratando de sacar una información en los vestieres de los muchachos. Todo mundo felicitaba, de manera sumisa al Cianuro, por el gol marcado en el patido anterior y sus compañeros estaban felices por acceder a la final, considerando la poca fe que se tenían al principio del torneo.Cianuro llegó al vestier y encontró a Ricina hablando con el otro joven sobre un lugar. Él no prestó mucha importancia, pero notó que se habían percatado de su presencia. Ricina, se despidió de su compañero con un beso que le tocaba la comisura de los labios, mirando a Cianuro mientras le decía: "21 horas! No lo olvides! Lleva a alguien más, nos hace falta completar las parejas." Y se alejó pasando por el lado de Cianuro hacia la salida, dejando una mueca pícara en el rostro que a Cianuro le pareció vacía, enfocándose en desamarrar mejor su guayo y sacar las canilleras. Ducha y a clase de artes. Cianuro al menos tenía algo para divertirse.

No sería sino hasta las 2 pm cuando las clases terminarían, y habría chance para el almuerzo, cosa que tenía impaciente a Cianuro. Que salío disparado del salón como chispa de dicromato de potasio cuando se le pone a una llama directa. No pudo evitar ver que Ricina, se alejaba sospechosamente del grupo de casilleros de su curso, siendo que el de ella quedaba quedaba en el otro bloque del colegio. Apuró en revisar y entre la rejilla encontró un pedazo de papel que decía: "A las 21 horas en la Colina Xenón. No celulares.".

Era la primera vez que recibía un mensaje así, y más de una chica que jamás había mostrado interés por él en ningún aspecto. De hecho, él pensaba que Ricina Lecitina era una de esas mujeres a las que hablarle sería una pérdida de tiempo porque parecía superficial y nunca se había detenido a contemplar algo o a destacarse académicamente en algo. Era una extraña para él.

Ricina maquinaba su plan: Una fogata con muchas drogas, trago y por qué no, diversión carnal con sus compañeros y otros amigos de otros colegios. Sería algo inolvidable para ella. A la final, sabría que sus papás pagarían el dinero que fuera necesario al colegio para no asumir la vergüenza de una reprobación académica, pero era lo que menos le importaba. Las drogas estaban en poder de Alginato, el compañero con quien Ricina hablaba en el vestier y que Cianuro sorprendió. Estaban Glicasa, Peptina y Metionina, Catalasa, y Edta en el grupo, que eran el "parche químico" de Ricina, y el terror de muchos en el colegio. Por los chicos, además de Alginato, iban Tanino, Gálico, Bismuto y Arseniato. Seis chicas y cinco chicos. El restante: Cianuro.

Cianuro casi ni almorzó y todavía tenía el papel en la mano, fue a su habitación, tocó un poco el bajo, y de la desesperación rompió la segunda cuerda, tocando una canción de Ella Bromotzgerald. Volvió a dibujar, pero sin la misma facilidad de antes, sintiéndose perturbado por la nota de Ricina. No lograba descifrar qué significaba eso. Pero casi a las 19 horas resolvió que iría. Total, estaba dentro de sus planes, ya que sería en la misma colina que visitaba todas las noches para dibujar y admirar la ciudad.

Ricina, a duras, penas, había parado en la casa a comer algo. No encontró a sus padres y ni se molestó en preguntar a alguien de la servidumbre. Solo se visitió en sus ropas algo descoloridas y "quimintage". Estaba emocionada, su mirada se iluminaba con el paso de los minutos.

Cianuro siempre llevaba su teléfono, que era muy sencillo. Solo le importaba estar en contacto con Isoterma, su madre, en caso de que algo le llegara a suceder. Siempre le enviaba mensajes de texto con su ubicación para no preocuparla. Esta vez dijo que iría a la cama después de la cena, luego salió por su ventana, dejando su celular en el nochero. Eran las 20 horas. Contó que demoraría una hora a pie en llegar a la Colina Xenón, incluso evitando pasar por el sector de "Boronx" (Sí, "Boronx", así suene raro o parecido a otros sectores de dudosa reputación en la vida real). Así que fue caminando y pasando por muchos lugares, que no había podido percatar con sus viajes en bicicleta. No todo iba mal esa noche para él. Pero con cada metro recorrido y cada minuto de viaje, se aumentaba la zozobra en su ser. Aunque, ya tan decidido, no se sorprendería de lo sucedido. Llegó a pensar que era una invitación a una secta, mientras dudaba en cruzar una esquina semaforizada que hacía el canbio de verde a rojo para el peatón. Al final la cruzó y siguió firme en el periplo y la colina solo estaba a menos de un kilómetro. 20:50 horas. Era el momento.

Cianuro llegó a la colina, era todo silencio y no le dio espera a un cigarrillo de los 13 que tenía en la cajetilla. Empezó a fumarlo, y ya eran las 21:02. Creyó que era una broma, pero prefirió otro cigarro para quedar con 11, y dijo que se iria pasados los 11 minutos. 21:10 y se levantó cuando escuchó una voz que dijo "¿No viste la luz amarilla al fondo? ¡Vamos!". Era Metionina, llamando al desprevenido Cianuro, que casi lanza una mueca de susto que solo logró hacerle caer el cigarrillo de la boca.

Un sendero lleno de bancas los llevaba hacia un pequeño lugar, donde escuchaban algunas risas, y estaban allí reunidos los ahora seis chicos con las seis chicas en torno a una fogata tan débil, que un Boy Scout podría haberse meado de risa por semanas. Habían bolsas, paquetes de snacks y una nevera con productos de soya que Alginato amaba comer y que solo Ricina encontraba desagradable.

Cianuro, llegó en silencio, se detuvo y dijo: "Lindo verlos por acá, pero en realidad prefiero ver otras luces más reales", e hizo seña de marcharse. En ese momento, Ricina dijo: "Futuro campeón, el triunfo no se logrará solo, pero nosotros tampoco lo garantizamos".

-"Precisamente, no me lo garantizan ni veo que aquí haya triunfo". Replicó Cianuro.
-"¡Qué cuadriculados son los del Orgánico 3!" (El curso de Cianuro).
-"¡Nou debwirn imvtrle!" balbuceaba Alginato, tragando una porción de torta fría de soya.
-"De verdad que no puedes ser más asqueroso, Algi. Cianuro, te invitamos es porque sabemos que no eres alguien que haga cosas comunes. Eres diferente". Dijo Ricina.
-Cianuro replicó: "De diferente ni de igual tengo nada. Yo me voy. Acá solo está la fracción de la escuela que siempre quiere dar de qué hablar."
-"Dibujar molecularmente y crear tridimensionalidad no es algo que todos tengan como don, Ciany. Créeme que eso te hace diferente". Contestó tácitamente Ricina.
-"Eso no te interesa, ni es gran cosa tampoco", dijo Cianuro.
-"No lo niegas, no lo afirmas, pero asumes que lo tienes. La culura Orgánico 3". Desdeñó Ricina. "Esto mejor lo discutimos con una botella de Fenol".

Cianuro tenía debilidad por el Fenol, era su bebida favorita, y aunque no era alcohólica, le provocaba serias sensaciones increibles. No de droga, pero sentía que podía dibujar por mucho tiempo. A veces pensaba que tenía algo, de manera que dijo: "Gracias, la cena me tiene lleno, así que iré a casa".
-"No niegues que no te gusta el fenol, es lo mejor y te hemos visto, todos, bebiéndolo a cántaros en el colegio".

No pudo resistir, aceptó centarse con ellos y beber fenol. Todos reían, empezaron a comer y pequeños cristales meth eran derretidos en cucharas que se pasaban a goteros. Goteros que caían en las bocas de todos, menos en la de Cianuro, que no tardó unos minutos más en saborear el primero, todo gracias a la cantidad enorme de fenol. Algunos habían bebido coctel de cloro ultravioletado, vodkadrazina, y licores más fuertes. Estaban un poco festivos, y habían aumentado la fogata. Alginato sorpresivamente había desaparecido con Metionina. Bismuto en su silencio, demostraba que podía hacer maravillas con sus manos que ya se adentraban sigilosamente en el cuerpo semi desnudo de Peptina, la chica de la fama de más "fácil" en la escuela y los demás se revolcaban entre risas eternas y llantos inexplicables del resto de integrantes de la docena de adolescentes. Cianuro solo vio un reloj de cesio que tenía en su muñeca y eran las 00:17 horas. No se sentía bien, pero a la vez logró sentirse pleno por muchos minutos: había tenido la conversación más extraña de la vida con Ricina.

Habían hablado de sus vidas, y ambos se habían contado de sus dones: El mencionado de Cianuro y su habilidad para el dibujo molecular que lograba volver en tridimensional cuando uno alejaba su vista de él. El de ella, simplemente había sido uno, y no era un don. Nunca lo había revelado a nadie, solo a él: no podía besar.

Al principio, Cianuro sintió que era una broma, y se rió, gracias a que el Fenol le había dado menos inhibiciones, pero al ver el rostro frustado de Ricina, detuvo la carcajada. Ricina dijo que se sentía miserable y que había tenido que decirle al chico que le gustaba que no podía besarlo, pero que haría cualquier cosa para que se sintiera satisfecho. Le confesó que el sexo le había parecido aburridor en la ausencia de un buen beso. Pero que igual, lo sentía genial.

Cianuro solamente le contó de sus sueños y de como había logrado desarrollar su habilidad de dibujo, la cual mencionó que no se percató de ella sino cuando tuvo la perspectiva de hacer que su cuarto se viera como podría quedar si los muros fueran casi que invisibles. Ella aseguró que querría verlo, en algún momento y que después de todo, al menos había encontrado a alguien interesante en el grupo de Orgánica 3.

Pasadas las 02:13 horas, solo estaban ellos dos, Cianuro y Ricina. Bueno, excepto Bismuto y Peptina, de los que ni se percataron, pero tuvieron su encuentro casi en sus narices. Rieron al ver como estaban abrazados rodeados de media docena de botellas de fenol. Fueron caminando por el sendero de la Colina, que estaba muy silenciosa, y siguieron hablando de la vida y de lo que querrían hacer. De repente, Ricina sintió una quemadura debajo de su seno izquierdo, que le molestaba, y que en dos minutos le hizo caer en brazos de Cianuro. Tenía una herida de bala que le hacía sangrar rápido a Ricina. Cianuro en su desespero solo logró cargarla en su hombro y bajarla por la colina hasta la Avenida Tecnecio, donde podría seguro conseguir transporte y llevarla al hospital.

Pasaron casi 6 minutos después del decenso, hasta que un taxi paró y los llevó camino al hospital. Ricina balbuceaba algo como "Sewn mguerf qrreo bfeszxo", al que Cianuro solo le pedía que se mantuviera, para saber que no había perdido la conciencia. Se lamentaba infinitamente no haber llevado el celular, pero no tenía más que seguir solo en el asunto.

Al llegar al hospital, entró por urgencias, y reportó el nombre a la enfermera: Ricina Lecitina. Todos corrieron a su reanimación, porque sabían que era la hija del gran magnate de los alimentos Disulfuro Lecitina. Su atención no se hizo esperar. No le permitieron pasar a la sala de cirugía y estaba nervioso. No sabía a quién acudir y su madre le recriminaría si le contara lo sucedido, pero lo pasaría. Su papá, lo mataría. Pensó por varios minutos. Resolvió llamar al bogotón.

En 25 minutos, Azeótropo cruzaba la puerta de urgencias y vio a su muchacho tirado en el suelo, esperándolo, cabizbajo. Corrió a preguntarle lo sucedido, lo sacudía y Cianuro solo miraba al suelo. A los 3 minutos entraron los Lecitina: Disulfuro, su esposa y el hermano del magnate, preguntando por Ricina. No mostraban signos tan evidentes de preocupación.

Una enfermera les aseguró que había llegado con un impacto de bala a urgencias, traido por Cianuro, (lo señaló). Disulfuro, quien llevaba una ropa cargo, de cacería, corrió a preguntarle a Cianuro lo sucedido. Este seguía sin responder.

Casi se arma una trifulca allí entre Disulfuro y Azeótropo. Que tenía pinta de irse a los golpes hasta que Cianuro gritó: "¡FUE UN MALDITO ERROR!"

Un silencio de casi 10 segundos quedó allí.Y entre llanto, Cianuro contó todo lo sucedido. Y pidió una cosa. Pidió que le dejaran ver a Ricina después de la operación.

Disulfuro solo lloraba. Había ido de cacería con su hermano cerca de la ubicación de la Colina Xenón. Disparó su rifle creyendo que era un Etanovenado.

Cianuro logró pasar a ver a Ricina, en coma. Inmóvil y frágil. A la final logró decirle: "siempre fuiste un buen error". La besó...


                                                    *                           *                          *

Ricina encontró a Cianuro sin vida a su lado.