En una familia química muy bonita, convivías tres hermanas, todas muy hermosas que eran la sensación entre la sociedad química de un pueblo olvidado llamado Polifenol. Estas chicas eran la sensación por ser muy parecidas, pero no eran gemelas aunque todos pensaran que sí. Sus nombres eran Nicotina, Cafeína y Teobromina. Las tres hermosas señoritas habían nacido apenas con dos años de diferencia cada una, pero realmente tenían la misma altura y contorno facial y corporal. Lo único que las diferenciaba era su cabello.
Nicotina, generalmente era la que vestía más sencillo y era la mas sobria, tanto, que todo mundo pensaba que era hasta cierto punto arrogante, razón por la cual no tenía muchos amigos, o al menos se había hecho amigos de un grupo de compuestos en los que mucha gente desconfiaba. Tenía 18 años, y a pesar de su sencillez, nunca ocultaba su belleza. Su cabello era negro con tizne azulado, ojos oscuros y piel muy blanca. Decía que quería invertir su vida en algo que a gente disfrutara, que disfrutaran de ella y nunca la olvidara, que se convirtiera casi en un vicio ligeramente tóxico, pero que a la vez le diera placer a las personas. Era su gran sueño.
Cafeína, quizá las más bella de las tres hermanas, tenía un carácter más alegre. Solía ser la que más amigos tenía de las tres hermanas y era, por supuesto, más invitada a salir. El Sr. Xantófilo, su padre, no veía con buenos ojos que su hija saliera tanto, sin embargo, confiaba en su buen criterio y también en sus amistades. Nunca se había metido en problemas a pesar de su repetidas ocurrencias que la había llevado en algunas ocasiones a tener diferencias en el colegio. Tenía 16 años, cabello castaño con pequeños destellos cobrizos, un aroma muy agradable al pasar. La recuerdo cada vez que me miraba porque me enamoraba al entrar por mis ojos. Vestía siempre diferente, de mil maneras y en todas nunca desaparecía su olor característico. Su ropa incluía muchos accesorios y amaba ponerse gorros cuando salía en las noches frías. Siempre se vio bella. Su gran sueño siempre radicó en querer ser un sabor inolvidable, que la gente disfrtara y que no solo conocieran su aspecto alegre. Ella también deseaba ser seria, tener su propio negocio y ayudar la gente de su comunidad. Tenía la energía, el carácter y, aunque la paciencia no era su don, aprendió en la búsqueda de sus ideales que era una de las cosas más importantes para lograr la calidad deseada en sus sueños. Tenía 16 años cuando la conocí.
Teobromina, ella quizá nunca me llamó tanto la atención, ya que su edad -14 años, no daba pare pensar cosas malas. Y efectivamente, su nobleza era incomparable. Amaba a los animales, aunque no le iba muy bien en clase de biología. No le gustaba mucho esa parte de trabajar con microscopios y bacterias, pero disfrutaba de las clases de educación física. A pesar de su corta edad, su belleza se trasladaba a su cuerpo de una manera que casi pareciera que hubiera nacido así con el. Era de tez morena, cabello café claro y ojos azules. Solamente su sueño radicaba en convertirse una mujer que pudiera ayudar a la gente a estar más feliz. Pensaba que en la medicina o en la psicología estaría su futuro. Pensaba de manera muy acertada para una mujer de su edad. Crucé algunas palabras con ella y aún recuerdo que su aroma era suave, con el toque de la vainilla y un olor a selva atractivo, tanto como el de su hermana Cafeína.
Las tres hermanas lograron cumplir su sueño y cada una vive aún, ya que fallecieron las tres en un trágico accidente automovilístico...
Sí, la vida no siempre es justa...
Aunque sus esencias aún viven.
Nicotina es parte de lo que da el placer más mundano: Alcanzó a fundar una fábrica de químicos donde fabricaban cigarrillos, insecticidas y medicinas. Sufrió demandas por malas prácticas, ética médica y otros. Nunca nadie pudo probarle nada. Jamás se casó, pero vivió absorta en un gran poder que domina a muchas personas hoy en día y domina la diversión distorsionada de muchos.
Cafeína pudo establecer un proyecto de producción de plantas con propiedades medicinales importantes y hasta casi entra a pedirle a su hermana Nicotina algo de ayuda al comercializar sus ideas. Nicotina no aceptó, pero Cafeína siguió y se convirtió en secretaria de agricultura de Polifenol, su ciudad. La posicionó como una de las ciudades más limpias en cuanto a agricultura, aunque esto contrastaba con el accionar de su hermana mayor.
Teobromina, por su parte, se dedicó a la medicina, como en un principio había deseado, y encontró que el chocolate podía hacer que la nobleza de la gente aumentara. Con ello, ideó una manera de poder incluirlo en la dieta de sus pacientes de manera segura y así los trataba. De la misma manera, había logrado establecer una compañía de salud muy respetada en su país.
Decidieron reunirse para el cumpleaños de su padre. El número 60 de aquel viejo Señor Xantófilo que lastimosamente no pudo controlar el auto en el que iba con sus hijas gracias a la imprudencia al volante de uno de los operarios de la compañía de Nicotina.
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La muerte y sus vicios.
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