jueves, 7 de marzo de 2013

Recuerdo Periódico

Recuérdame cuando sea hidrógeno, para que así sea el origen de tu universo.
Recuérdame en un beso que sepa a helio, para reducir tu voz a algo tierno y ser discontinuo y no monótono al quererte.
Recuérdame darme un poco de litio, en esa gaseosa deliciosa, para que no me vuelva loco por la falta de tus besos.
Recuérdame cuando en un trozo de esmeralda, el berilio brille con el verde de un llano precioso.
Recuérdame cuando puedas absorberme totalmente, como cuando el boro se convierte en el mejor cómplice de los amores complejos.
Recuérdame ser parte de tu esencia, de tu cuerpo, cuando me refugie en el carbono que habita en todo lado, hasta en lo más profundo de tus huesos.
Recuérdame ser esa atmósfera que es el nitrógeno, que tal vez no necesites, pero te da paisajes increíbles.
Recuérdame cuando se te acabe el oxígeno, porque te daría todo el mío para que respires a mi lado.
Recuérdame ser el flúor que bañe tu sonrisa, que permanezca blanca de tanta felicidad.
Recuérdame ser la luz de neón que ilumine tu camino cuando creas que debe haber diversión.
El sodio es perfecto si recuerdas que hace que vibre tu corazón.
El magnesio, tensando tus músculos, un recuerdo para cuando la desnudez y la fuerza argumenten nuestra pasión.
Liviano como el aluminio, el camino al tomar ese bus, sin destino alguno, solo una calle donde se cree nuestro amor.
A través de ese vidrio, recuérdame si me marcho, que el silicio te devuelva mi sonrisa para que creas fielmente que regresaré.
Como en la roca que hace que el fósforo brote de la tierra, ahí construiremos hogares para nuestros sueños, solo recuérdalo.
Que lo malo nunca contamine nuestro aire ni acidifique la pasión que crean nuestros labios y tu recuerdo al besarme. No nos sulfuremos mucho si nos molestamos por algo.
Una sal para una cena inolvidable, la que mejor permanezca en nuestro recuerdo con el cloro más puro.
Brilla azul, en mis ojos saturados de argón al recuerdo.
Recuérdame en una mordida de una fruta que tranquilice tu corazón al pensarme, el potasio te hará bien.
Fortalece mi cuerpo, con un apretón de tus huesos, del calcio que en mi recuerdo pide a gritos un abrazo.
Escandio al brillo, titanio a la pureza, vanadio a una molécula, cromo a tu color de piel; manganeso a tu esencia, hierro a tu sangre preciosa, cobalto y níquel a tu rareza, cobre para el precio que el zinc me da para proteger este amor. Súmale recuerdos a un beso "galio" en la Torre Eiffel, recorriendo terreno "germanio" después, envenenándome de besos arseniosos, que el cerebro con selenio me revive en esa rica cena que baila entre un pan bromado. Un cristal de kriptón para adornar tus manos; recuerdos de un viaje inesperado.

Explotan fuegos pirotécnicos rojos, cargados de rubidio y estroncio, entre un helaje de itrio. Recuerdo de una tarde memorable.
Que sea mentira lo falso de un zirconio, lo burdo del niobio, y lo ambiguo del molibdeno para describir mi amor, mi recuerdo y mi anhelo de ti.
"Tecnécicamente" hablando, yo sinteticé tu recuerdo.
Un anillo de rutenio o rodio para sellar mi unión a ti, ya no es recuerdo sino un sueño.
Tus besos me contaminan y me hacen explotar. Lo hicieron esa vez, entre brillos de chapas bañadas en paladio, joyas de plata y tintas de cadmio de los periódicos que la gente tira a la calle. Lo recuerdo bien.
Este deseo tiene que ser indio, en la cama acompañados de algún enlatado que fue cubierto con estaño, soldado al buen antimonio y dejando al telurio y a la pereza que nos tomen abrazados. Y sumo más recuerdos.
"¿Te estaño y yodo?" El chiste que te hará poner cara de que no te gusta que te hable de química, pero no está oculta aquí. Lo hago bien para que lo recuerdes. Y bríllame como xenón, para que me ilumines el camino de regreso.
Mide el tiempo, en lo posible con reloj de cesio, para que los metros que esté sin ti sean exactos y se reduzcan cada vez más. Solo recuerda eso.
Si voy a ser tu contraste como bario, entonces que todo tu cuerpo se extrapole a mi piel, pero ya no quiero que tenga que ser un recuerdo.
Sé rareza, como los lantánidos. Sé única, que así te recuerdo más.
Analízame con lampara de Hafnio, si la puedes ubicar, si lo puedes recordar.
No te puedes fundir, y aguantar mi ausencia cual cordón de tantalio o tungsteno en un bombillo que brille aún más con mi llegada. Ahí debes recordarme.
Tu sonrisa no puede invadirse por renio, osmio, iridio o platino. Jamás descuides tu belleza o mi recuerdo puede fugarse.
El oro de tu amor siempre será suficiente para que yo mismo te recuerde.
Nunca quiero contaminar este amor como minero sacando oro con mercurio y matando todo lo bueno y natural que siento. No podría recordar eso.
Solo el plomo acaba con los sueños de respirar y de vivir. Caer en la ambición de pesar más en lo cierto, puede quitarnos la alegría y luego vivir en la incertidumbre. Que no sea ese nuestro recuerdo.
Todo lo demás será para probarme tu amor, para probarme a mí mismo, por eso desde el bismuto hasta el laurencio, yo intentaré descubrir más de mí, sintetizarme en tu vida y llegar al pleno recuerdo precioso que atesores en tu corazón.

Todas mis propiedades pueden ser un enigma con el resto de elementos, pero algo es cierto. Tienes toda una vida para descubrirme, acertar a bombardearme con tu amor, y se genere energía radiactiva que nos haga cada vez más felices. Lo periódico no necesariamente debe ser monótono y puede llegar a ser tan divertido como aprender cualquier cosa. Lo periódico me va a acostumbrar a ti, pero tengo 118 razones para ser más feliz así estés lejos. No va a importar.

Lo importante es solo esto: recuérdame periódicamente.


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