lunes, 14 de diciembre de 2015

Pan de Químico

Fui a la panadería y me vendieron un pan con bromato.
El panadero me dijo: -Tranquilo mijo, eso es un poquito de sorbato.
Yo le dije: -No sea pendejo, ni me crea mentecato.
No terminé el insulto, cuando me fue lanzando un zapato.
Pero de puro desquite le rompí esas ventanas de acrilato,
Con una botella de Poletileno Tereftalato.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Dave "Oxitocina" y Los Dopamina: El Tour de La Felicidad

La música hace felices a todos, en especial a aquellos que parecen no tener un camino muy claro, pero que creen que cada día está hecho para las hazañas y para lo bueno de vivir.

Esta parece ser la historia de Dave Wilches, un chico que crecía feliz escuchando muchos géneros musicales, después de todo, sus padres tenían esa vena artística muy clavada en su ser, ya que su padre era artista plástico y su madre había dedicado su vida al diseño gráfico. Normalmente, no veía a sus padres ya que uno estaba trabajando en su taller, intentando descrestar a la burguesía de su ciudad, a quien no le temblaba pagar altísimas sumas de dinero por sus obras de arte, y su madre pasaba horas siendo la jefe publicitaria de una compañía de marketing internacional, con sucursales en los cinco continentes. Dave, era pues, de una familia acaudalada, que podía correr con cualquiera de sus caprichos, aunque él muy bien sabía de ser una persona austera y respuetuosa. Eso lo aprendió pasando bastante tiempo en la casa de uno de sus mejores amigos.

Marcelo se llamaba este chico, no tenía los mismos lujos de Dave, pero vivían cerca, en dos barrios diferentes separados por un prado que era muy bello, desde que habían nacido los dos. Se conocieron cuando su madre, la de Dave, en uno de esos días donde tuvo tiempo para compartir cuando tenía no más de 5 años, jugaron por varias horas en un parque cercano al barrio donde vivía Marcelo. Ambas madres, se sentaron en una banca, viendo por horas jugar a estos chicos; la felicidad parecía lo único que reinaba en ese instante.

Sin embargo, el abandono de mucha gente hizo que ese pequeño parque se entregara a la hierba, a la hojarasca muerta, un olor a taninos inconfundible, que Dave, en un futuro no muy lejano, se llevaría como último aliento.
Dado a esto, Dave aún iba mucho a la casa de Marcelo, ahora ambos con 16 años, estaban a punto de graduarse del colegio, y Dave estaba teniendo bastantes problemas con varias asignaturas: química era su némesis, porque no entendía nada sobre los alcoholes y las aminas, ya que el Profesor Acosta, el que más odiaba en el colegio, se la tenía "cargada". Marcelo lograba ayudarle con su tarea, para que al menos pudiera aprobar. Normalmente, la pasaba todo el día allí con Marcelo. Era feliz, porque habían empezado la idea de formar una banda, donde Marcelo era un virtuoso baterista, y sus padres, con gran esfuerzo lograron darle su instrumento como regalo de cumpleaños número 15 y Dave, una gran voz y además, había aprendido a tocar el bajo gracias a unos Blu-Ray que su papá le dio de cumpleaños con el ánimo de evitar frecuentemente sus salidas a la casa de Marcelo, pero que finalmente detonaron en la formación de la banda, que su papá no tuvo más remedio que aceptar.

Marcelo siempre temía por la seguridad de Dave, y siempre lo acompañaba de regreso a su casa, inevitablemente pasando por el parque de sus recuerdos infantiles más felices, pero hoy convertido en un lugar propicio para el refugio de vagabundos y drogadictos, que se estaban haciendo adictos a una nueva droga que aparecía en la ciudad y que los medios se habían encargado más de promocionar que de restringir, al mencionar sus efectos como "Extrema felicidad hasta el punto de provocar alucinaciones cargadas de iluminación".
Unos meses después de la aparición de esta droga, algunas personas empezaron a registrar ceguera permanente y daños a nivel orgánico irreversibles. Algo que ni la misma cocaína podría superar en niveles más puros.

Marcelo y Dave ya se habían topado en algunas ocasiones con algunos "junkies" del parque, pero no les habían hecho nada, salvo darles unos sustos impresionantes, porque salían de entre la maleza sin ningún indicio, y sonreían inevitablemente, sin producir carcajada alguna. Los efectos de esta droga eran silenciosos, pero muy adversos.


                                                    *              *               *

Un día que Dave invitó a Marcelo a su casa, después de largas negociaciones con sus padres, le mencionó la idea de formalizar una banda tan pronto como su graduación se diera por hecha de la escuela. Marcelo no dudó en dar respuesta positiva y empezaron a buscar entre sus amigos de redes sociales, un guitarrista y un teclista. Ambos deseaban formar una banda de hard rock que incluyera elementos representativos, y durante un mes (tiempo para el cual había pasado su graduación) encontraron a los nuevos integrantes: Jonás y Claudio. 
Jonás vivía algo retirado de la casa de Dave, pero no escatimaba sus esfuerzos en llegar a ensayar con ellos. Había ingresado a la escuela de música de la ciudad y estaba orgulloso de mostrar su talento en la guitarra, del cual Dave y Marcelo quedaron descrestados en la audición hecha en cada de nuestro protagonista. Claudio, por su parte había recibido un teclado de su abuela que vivía en Italia, pero solo lo empezó a usar hacía dos años. Sin embargo, su destreza era fascinante y había logrado enamorarse de su instrumento por la variedad de efectos que lograba mezclar. Sin duda, el grupo sería sensación.

Muchas horas de ensayo y buenos contactos del papá de Dave les dieron la oportunidad de tocar en varios lugares, aún siendo menores de edad todos, excepto Jonás, quien ya era mayor de edad. Muchas tabernas, cafés y bares dieron rienda suelta al talento de todos, pero en especial a Dave, quien tenía un rango vocal asombroso, del cual Marcelo siempre había quedado encantado y que lo hacía fortalecer su amistad. Estaba muy orgulloso de haber conocido a alguien como Dave.
El nombre del grupo había sido algo muy suelto, un comentario que Marcelo hizo a propósito para burlarse de la dificultad de Dave para aprobar química, cuando en una pregunta del examen final erró en nombrar las "hormonas de la felicidad": Oxitocina y Dopamina. Los nombres enfurecieron en un principio a Dave, pero luego hizo dos conexiones: La primera, fue encontrar que sería un buen nombre para la banda: "Dave Oxitocina y los Dopamina". La segunda, fue saber que la droga de la que alguna vez había escuchado era una combinación poderosa de ambas, a la que llamaron "Dopaoxicina". Definitivamente era una idea loca de Dave, pero funcionó. El nombre sonaba a pura banda country de los 70's, pero ellos estaban ciertamente dominando el aire hard rock de su ciudad. Muchas exitosas presentaciones llegaron a oídos de unos cuantos cazatalentos, quienes no se resistieron a ofrecerles montones de cosas para ser las nuevas estrellas del país.

Los padres de Dave, Marcelo, Jonás y Claudio se vieron forzados a reunirse por insistencia de cada uno en la casa de Dave (que era la de mayor tamaño), para decidir que hacer ante una interesante propuesta que había llegado de una disquera: Protozooario Records. Esta propuesta incluía llevarlos por todo el país y una visita internacional a 2 países de lograr ventas para disco de oro (10.000 copias), un manager, bus de transporte, alojamientos pagos y el 45% de las ganancias de presentaciones y ventas de discos. Nadie había hecho mejor propuesta, pero había una larga inversión por parte de ellos, pues debían tener listas sus visas, pagar sus seguros médicos y buscar un transporte adicional para sus familiares, si querían acompañarlos en la gira. Al final, todos llegaron a un consenso y se pudo firmar el contrato con la disquera.

Todos estaban animados por todo, y empezaba todo muy bien. Ensayos, presentaciones, la grabación del disco, la gira de medios... Todo estaba saliendo de maravilla para Los Dopamina, quienes había tomado los problemas de la calle como referente a sus composiciones. Claudio y Jonás, quienes eran mayores habían afrontado experiencias crudas y les servía como combustible para las voces de Dave, quien devolvía su asombro con más vehemencia en su potente voz. Había mucha buena energía y más con el nombramiento de la banda para ser parte del cartel del Festival Rock de la ciudad y la salida de su disco a la venta.

Sin embargo, la energía de Dave se agotaba fácilmente, y más cuando después de un año de duro trabajo, sus padres deciden acabar con su matrimonio, tras una clara infidelidad de la madre de Dave con su jefe y que su padre sospechaba desde hacía un par de años. El corazón de Dave quedó destruído al saber esto.

No halló más respuesta que correr hacia la casa de Marcelo para desahogarse, no sin antes tener que pasar por el parque que le había dado felicidad hacía muchos años. Las hojas secas parecían charcos de crudo, que desprendían oloroso tanino y la densa bruma provocada por la lluvia, hacía difícil la visual de los estrechos senderos del parque. Dave chocó abruptamente con uno de los drogadictos, y logró reconocerlo. Era un personaje al que llamaban "El Hostias", porque cada vez que se drogaba con la dopaoxicina, gritaba "¡Hostia! ¡Qué bella luz!", sin importar estar en la noche más oscura de luna nueva en el lúgubre parque. De sus callosas manos que tanteaban torpemente sus bolsillos, producto de la ceguera parcial que ya había causado esta droga, sacó una papeleta blanca, que tenía escrito: "¡Hostia! Be Happy!". Dave reconoció que esa papeleta la había visto alguna vez como escombro de los toques que había realizado unos meses antes. El "Be Happy!" era la forma en la que se disfrazaba la dopaoxicina que le lanzó el Hostias a sus piernas, mientras Dave se recuperaba del golpe. El drogado vago se marcho saltando de alegría, empapando más a un confundido Dave, quien no sabía qué hacer ante rara aparición y suceso. En su cabeza solo rondaba la idea de la separación de sus padres.

Dave guardó la papeleta en el bolsillo, y siguió su camino a casa de Marcelo, quien no dudó en prestarle ropa seca al llegar a casa, le ofreció algo caliente y le pidió a Dave que contara todo. Éste no dudó en decirle el inconveniente que sus padres sostenían, pero omitió el encuentro con el Hostias, solo por no escuchar otro de los sermones amistosos pero contundentes que solía tener Marcelo para con él. Finalmente, cuando Dave encontró calma, después de varias lágrimas que salaron su garganta mientras relataba lo sucedido, fueron a dormir, ya que la mamá de Marcelo, desconsolada, no encontró más remedio para evadir la preocupación de su hijo que adecuarle una improvisada cama a Dave.


                                                   *                *                *


Una semana después, y con lo padres de Dave resueltamente separados, llegaba una noticia asombrosa para Los Dopamina: su manager les reportaba la venta de 15 mil copias de su disco "Felicidad Nocturna", que tenía 10 canciones y que había sido una sensación en ventas, no solo en la ciudad, sino en el país. Tendrían homenaje de disco de oro por parte de la disquera y su gira arrancaría la siguiente semana. Dave y los chicos estaban felices y celebraron juntos con una cena en un restaurante y las novias de Claudio y Jonás, quienes habían logrado atraer a las chicas de manera sencilla. Dave y Marcelo no contaban con igual suerte; típico de los bateristas y bajistas.
Fueron a un bar, bailaron toda la noche y regresaron, después de muchas copas a la casa. Dave acompañó a un ebrio Marcelo. Entró y lo puso en su cama. Nadie despertó en la casa para agrado de Dave, quien salió sigilosamente y tomó rumbo a la suya. Hacía bastante frío esa noche así que no tuvo más remedio que poner sus manos empuñadas dentro del bolsillo de su chaqueta y enfrentar el lúgubre parque, que no se veía tan oscuro por la luna llena que asomaba por esos días cargados de emociones. Sintió que en su bolsillo izquierdo había algo y lo sacó... Inmediatamente reconoció la papeleta con el "Hostia! Be Happy!", se detuvo por unos dos minutos a contemplarla. Jamás le había abierto desde hacía 3 semanas. Su gira empezaría en dos días y no recordaba haberla dejado en su chaqueta. No podía decidir qué hacer con ella.

Llegó a su casa, casi a las 4 am, cansado, tomó algo de agua y fue a su habitación. Contempló nuevamente la papeleta en su nochero por varios minutos, hasta abrirle y notar su contenido. Era un polvo rosa fino, ligeramente cristalino, con un olor único. Dave recordó que amaba el olor de las pinturas de su padre cuando entraba a su taller y se quedaba dormido mientras él hacía su trabajo. Ese olor vino a la mente. Luego percibió otro aroma, el del mango, su fruta favorita, que la comía de todas formas. De hecho, en el colegio alguna vez le llamaron "manguito", porque solía siempre llevar de pequeño un mango en su lonchera. Nunca le molestó dicho apodo. Finalmente llegó el olor de las cuerdas de su bajo, que si bien no le gustaba, lo aferraba a la música y a sus amigos, quienes lo fortalecían.

Cerró la papeleta de inmediato, su padre tocó la puerta y preguntó si estaba bien. A lo que respondió con un "Sí, viejo. Estoy bien". Luego fue a dormir, confundido. Mucho más de lo que había estado en toda su vida.


                                                            *            *             *

Dave despertó casi a la noche de ese día. Tenía montones de llamadas de sus amigos y su madre, pero no se había dado cuenta de ello, a pesar que notó que su teléfono no estaba en modo silencio. Le pareció raro y se sentía lleno de energía; también notó que había tenido una noche perfecta de sueño, sin interrupciones, ni siquiera por un sueño o pesadilla, las cuales se habían vuelto recurrentes desde la separación de sus padres. Pasó el fin de semana en casa y alistó todo para el inicio de la gira. Él mismo sugirió al manager de la banda que la llamara "Tour de La Felicidad", por mantener relación con su disco.
Fueron días bastante duros para Dave y Los Dopamina. Recorrieron toda la geografía de su país en bus, lo que fue una experiencia asombrosa y se presentaban en lugares donde eran aclamados por públicos no tan numerosos, pero suficientes para hacerles creer que eran un banda importante. Giras de medios, ruedas de prensa y todos los pormenores relacionados a una banda de rock eran el cotidiano de Dave y sus amigos.

Dave y su banda tenían una presentación como banda de apoyo de un artista internacional, y se sentía muy agotado. Se puso la chaqueta de sus días tristes, como por no desentonar con el ambiente, y volvió a encontrar la papeleta en su bolsillo izquierdo, como ocurrió en la ocasión anterior. Ni siquiera recordaba cómo había llegado ahí, pero no dudó en contemplarla como antes. Abrió la papeleta y sintió los mismos olores de aquella madrugada en la que algunas copas habían afectado su entendimiento. Aspiró una cantidad generosa del polvo en la papeleta y salió al escenario. Marcelo, Claudio y Jonás ya lo esperaban y empezaron su presentación.

Todo fue pura energía y magia, como nunca había sentido Dave mientras se presentaba. Todo lo veía con mucha luz y la gente del público se hacía muy numerosa. Utilizó cada rincón del escenario para cantar en un tiempo de 30 minutos, pero que para Dave fueron como 3 horas. Al final, la banda bajó con petición de quedarse más tiempo. Hasta incluso, el manager de la banda internacional pidió que los siguieran su tour, por algunas paradas más en el país, a lo que el manager de Los Dopaminas no dudó en aceptar. La banda quedó sorprendida con la actuación de Dave. Marcelo estaba llenando de halagos a su mejor amigo, el cual solamente dijo: "tú estuviste grandioso, Marc. Fui feliz tocando allí contigo".

Dave durmió esa noche con sueños bastante felices: muchos encuentros y momentos locos con Marcelo, su primer beso, el día que su padre le regaló el bajo, su primera presentación. Incluso, algo que él ni siquiera había presenaciado: soñó la boda de sus padres. Ese sueño le perturbó bastante, y cuando despertó, estaba en el bus, camino hacia otra ciudad, mientras sus amigos ya almorzaban. Lo aplaudieron al despertar y se sentó a comer con ellos, no sin antes esperar el comentario de Claudio sobre la comida del tour: "Dave, si no vas a despertar temprano, avísame para comerme tu desayuno".


                                                          *            *              *

El Tour de la Felicidad siguió su camino, con grandes presentaciones, que estuvieron acompañadas de buenas bandas de la escena y más esporádicas aspiradas de Dave a la papeleta con el polvo rosado. Todo eso fue bello y para Dave la felicidad durante sus presentaciones y su sueño estaba provocando preguntas en la banda, sobretodo de parte de Marcelo, quien veía con preocupación las excesivas horas de sueño de Dave, que incluso, tuvo un momento en el que despertó justo 5 minutos antes del concierto que tenían en otra ciudad. Fue perfecto, pero Dave quedó deshecho, poco después de la presentación, para regresar a la cama.

Las últimas presentaciones llegaron y estuvo bien, Dave incluso se levantó un día y propuso en la prueba de sonido una canción que había escrito antes de conocer a Claudio y Jonás. La canción gustaba mucho y la ensayaron. Marcelo dijo que estaría muy bien presentarla en su cierre de gira, lo cual hicieron. Esa canción enmudeció a la gente, pero la ovación del final fue tremenda y ellos no lo creían. Dos años les había tomado labrarse una reputación que no muchas bandas podían crear.

El regreso a su casa fue lo más esperado. Jonás y Claudio eran esperados en el la disquera por su novias y familiares, Marcelo por sus padres y Dave solo pudo contemplar la escena de sus amigos, no sin antes despedirse. Los padres de Marcelo se ofrecieron a llevarlo, ante lo cual el se negó amablemente al decir que ya había pedido un taxi y que su padre lo esperaba en un restaurante, fingiendo una falsa llamada.

Se marchó en el taxi, y sugirió como rumbo su casa, a la que ansiaba llegar para dormir, pues su cansancio era exacerbado respecto al de sus compañeros de banda. Sin embargo, al pasar por la calle cerca del parque lúgubre, pidió al taxista que se detuviera. Pagó la tarifa, y se sentó en uno de los columpios del parque. Sacó del bolsillo izquierdo de su chaqueta la papeleta y notó que estaba vacía, sin residuo alguno del polvo rosa que lo había hecho un hombre único en el escenario, que le había dado portadas en varias revistas y diarios (aunque no en primera plana), pero sí en las secciones de espectáculo. Esto lo hizo resolver quedarse en el parque por varias horas, esperando por "El Hostias". Apagó su teléfono para no ser perturbado por nadie. Solo estaba con su bajo y su maleta.

Pasaron muchas horas, hasta incluso llegar la madrugada, donde el frío era tremendo, hasta que vio una pequeña fogata al fondo del parque y decidió acercarse, olvidando su maleta y su instrumento. Al llegar, vio una sombra y efectivamente era la persona que buscaba: "El Hostias". Una capa negra, gruesa barba, sonrisa desgastada y amarilla, los músculos de su cara tensos ante la sonrisa y su ceguera más avanzada que nunca, pues era obvio que no se había percatado de la presencia de Dave. Sin embargo, volteó a mirarlo, pero ignoró nuevamente su presencia. Se mantenía cerca de la llama para evitar el frío y era notable que estaba nuevamente bajo los efectos de la dopaoxicina.

Dave no dudó en ponerse en frente hasta que El Hostias lo chocó nuevamente, al sentir su presencia, mandó sus mano derecha al bolsillo derecho, en esta ocasión. Dave esperaba emocionado ese mismo momento en que recibió, casi que por accidente, esa papeleta con el polvo rosa, pero para su triste sorpresa, El Hostias sacó el mango de un punal, que habilidosamente activó y con el que cortó la garganta de Dave de un solo movimiento seco, que ni el viento retrató con sonido. Dave abrió los ojos súbitamente y su respiración empezó a entrecortarse. Cayó de rodillas ante las piernas de El Hostias y se fue inclinando levamente, sangrando en su playera blanca y sobre su chaqueta oscura, hacia el bolsillo izquierdo de su improvisado atacante. Logró con sus fuerzas, extraerle una papeleta del bolsillo, que tenía la misma inscripción de la primera. Su respiración era más errática, pero logró derramar algo del polvo blanco, ahora en su mano derecha, que estaba libre. La izquierda sujetaba al enceguecido Hostias, quien ahora daba pasos hacia atrás.

Dave, logró poner en sus manos algo del polvo e inhalarlo. Recordó el olor del mango, las cuerdas de su bajo y las pinturas de su padre. La sangre le llenaba los pulmones, pero aún así el aroma era perfecto. No soñaba, pero todas las imágenes felices aparecieron, la dopaoxicina hacía efecto de manera inmediata y Dave entre balbuceos, sonrisa clara, encotraba como sus músculos se tensaban hasta finalmente volver al recuerdo de la boda de sus padres, con el que finalmente dejó escapar su último aliento.


                                                    *                *               *

Marcelo estaba más preocupado que de costumbre, y luego de ver que su amigo no respondía su teléfono, no dudó en ir hasta su casa. La idea de que algo no andaba bien venía perturbándolo desde los últimos conciertos del Tour de La Felicidad, y llegó hasta el lúgubre parque, pasó corriendo por el sendero que lo llevaba a casa de Dave y notó su maleta y su bajo en su forro. Algo no estaba bien.

Luego, notó que una pequeña luz se producía desde la parte más oscura del parque, pero no parecía haber nadie a esa hora, así que se apresuró para saber qué ocurría allí. Al llegar, la luz se extinguió y quedaba solo la tenue luna menguante de la época haciendo frente a la oscuridad. Al girar, vio una sombra en el suelo, a la que se acercó y pronto notó que era su amigo Dave. Su pulso casi se detuvo al ver el estado en que se encontraba: degollado, sangrante, sus ojos abiertos y sonrisa de par en par por todo su rostro. De inmediato escaparon sus lágrimas de rabia y tristeza; perdía a su amigo de casi toda su vida, del momento más feliz que nunca había tenido.

Marcelo sintió un olor a canela en su rostro, acompañado de la madera de su batería y el olor a menta de su padre, un dentista desde hacía más de 25 años. Nunca había tenido la oportunidad de sentir esos tres aromas en particular, y estando juntos, por lo que su llanto se detuvo unos instantes ante el cuerpo de Dave. Trató de descifrar la procedencia de ese olor y luego vio algo en la mano izquierda de su compañero de banda: era la papeleta blanca, que tenía una inscripción en el centro. Marcelo trató de mover con algo de torpeza el dedo pulgar de su compañero, el mismo con el que tocaba el bajo...


Tenía escrito lo siguiente: "¡Marcelo! ¡Be Happy!"

viernes, 10 de octubre de 2014

La Electronegatividad de Nuestras Vidas

Alguna vez nos enseñaron ese concepto en el colegio, para aquellos que ya superaron ese nivel académico. Otros, quizá lo vayan a ver y se adentraran a analizar un poco más sobre la palabra. Otros dirán: "Ah, es pura química, que mamerto esto" -(¿Acaso el blog no es sobre algo relacionado?), pero muy seguramente no le habían encontrado análisis a esa idea, que alguna vez acuñara el señor Pauling, en los tempranos años 1900, sirviera no solo para hacer más fácil la clasificación de los elementos químicos sobre la tabla periódica (Hay una historia ridículamente romántica sobre ella en la tercera "pendejada" escrita aquí. Tómese el tiempo para buscarla); pero también para dar una mirada que va un poco más allá de lo que se pudiera plantear en el ángulo meramente científico.

Técnicamente, la electronegatividad es la capacidad que tiene un átomo de atraer los electrones de otros átomos para formar enlaces químicos, haciendo que estos le generen a los átomos que lo forman, una mayor estabilidad que cuando se encuentran libres en lo que llamamos "estado fundamental". Bien, técnicamente nuestra vida se la pasa de esta manera: somos átomos, ¿verdad? Estamos hechos de electrones también, ¿verdad? Entonces, ¿no aplicaría para nuestra vida el mismo principio no solamente desde lo químico?
Ciertamente sí. Lo hace.

Y podemos dar claridad que hay muchas personalidades "electronegativas" en nuestra sociedad, y no hay que dejarnos confundir por el término, porque esas personalidades están lejos de ser tan negativas como pareciera. Si poseer la cualidad de electronegatividad es poder atraer, entonces nosotros tenemos esa capacidad.

Las personalidades como más electronegativas, podríamos llamarlas "fluoradas". Atraen a todos, debido a su gran capacidad de asombrar, de generar expectativa, cual átomo de flúor, quien con facilidad corrompe hasta la mente más poderosa, así como el HF (ácido fluorhídrico) puede derretir el vidrio. Esas personalidades tienen poco como material físico y se conforman con solo tener la atención de todos y a veces esto les perjudica, pero pueden maravillar la gente. Sin duda este tipo de personalidades son efusivas, son tranquilas, pero vigorosas al momento de demostrar lo que pueden hacer. Las poseen personas que saben hacia donde van, extrovertidas, animadas y llenas de compartir con el mundo lo que saben.

Las personalidades de electronegatividad media, podríamos llamarlas "transitivas o de transición" y logran tener menos atracción sobre la gente, pero tienen una cualidad de estar cargadas de diversidad de ideas y suelen ser personas creativas, que muestran soluciones rápidas, pragmáticas y llamativas. Varían demasiado, y a veces sus fluctuaciones de ánimo son notables, pero no dejan ver eso ante los demás, ya que logran atraer muchas personas. Personas así, meditan sus decisiones, pero toman riesgos; apoyan a otros a hacer sus capacidades más notables y a desarrollar potencial que otros no logran descubrir por sí mismos. Son camaleónicas ante cualquier adversidad (basta con ver los 5 estados de oxidación probables del manganeso, que es uno de los metales que forma algunos de los cristales más sorprendentes de la naturaleza) y eso las hace llamativas y logran capturar la atención electrónica de otras personas.

Y no todo puede ser genial, las personas de baja electronegatividad estarán presentes. Serán denominadas personas "alcalinas". Son personas que fácilmente dejan ir las oportunidades y viven en constantes cambios, pero no encuentran conformidad con ello. Aunque son personas que pueden tener una alta nobleza y un corazón notable y puro, se debaten entre decisiones simples o abstención por demostrar ser llamativo. Si los elementos químicos que son de baja electronegatividad entregan poco para estabilizarse, las personas con este tipo de personalidad también; entregan poco y se conforman con hacer mínimo esfuerzo para lograr avanzar. Puede que hagan las cosas bien, pero el empeño a su actuación no siempre es acorde con su deseo de ir más allá de sus límites y, aunque no son personas de las que uno deba alejarse, son personas por las que uno trabaja un poco más y quisiera igualar al menos al nivel descrito anteriormente.

Queda pues solo una pequeña idea, vagamente abordada, de lo que puede ser una personalidad electronegativa. (Repito, que la palabra negativa no os engañe). Nosotros somos capaces de generar atracción en los demás por nuestros objetivos, deseos, metas y propósitos. Solo nos falta mostrar la energía correcta y las ideas claras todos los días. Nosotros podemos ser fáciles de clasificarnos en alguna de esas tres formas de ver las personalidades, pero también podemos hacer transiciones entre ellas cada día (los electrones siempre saltan de niveles más altos a más bajos y viceversa por todas las fluctuaciones de energía que puede sufrir un átomo), y de la misma manera somos capaz de controlar nuestra vida y nuestros átomos.

¿Qué nos queda por descubrir en una idea tan sencilla, que hasta podría ser digna de un libro de Paulo Coelho? Bien puedan echarme un baso de óxido de dihidrógeno en la cara, ya que lanzar productos químicos a la cara está muy de moda en estos días por estas tierras, pero la idea después de todo no suena descabellada. Siempre hemos buscado atraer a nuestros jefes, a nuestra familia, a las personas que amamos, a nuestros amigos. Todos ellos tienen átomos, todos nuestros átomos terminan por conectarse en vida y se separan en nuestra muerte. Saber qué tan electronegativos somos no solo nos hará vivir una vida plena, sino también saber que entre cada contacto con esos átomos y esos electrones, perpetuamos la interacción del universo, perpetuamos su desorden queriendo crear orden en nuestras vidas y le damos sentido a ser de algo tan pequeño como un electrón, y de algo tan grande como es ver a la persona que quieres cerca tuyo, atrayendo tus electrones, así como tú puedes atraer los de esa persona.

viernes, 27 de junio de 2014

Las Hermanas del Placer Molecular

En una familia química muy bonita, convivías tres hermanas, todas muy hermosas que eran la sensación entre la sociedad química de un pueblo olvidado llamado Polifenol. Estas chicas eran la sensación por ser muy parecidas, pero no eran gemelas aunque todos pensaran que sí. Sus nombres eran Nicotina, Cafeína y Teobromina. Las tres hermosas señoritas habían nacido apenas con dos años de diferencia cada una, pero realmente tenían la misma altura y contorno facial y corporal. Lo único que las diferenciaba era su cabello.

Nicotina, generalmente era la que vestía más sencillo y era la mas sobria, tanto, que todo mundo pensaba que era hasta cierto punto arrogante, razón por la cual no tenía muchos amigos, o al menos se había hecho amigos de un grupo de compuestos en los que mucha gente desconfiaba. Tenía 18 años, y a pesar de su sencillez, nunca ocultaba su belleza. Su cabello era negro con tizne azulado, ojos oscuros y piel muy blanca. Decía que quería invertir su vida en algo que a gente disfrutara, que disfrutaran de ella y nunca la olvidara, que se convirtiera casi en un vicio ligeramente tóxico, pero que a la vez le diera placer a las personas. Era su gran sueño.

Cafeína, quizá las más bella de las tres hermanas, tenía un carácter más alegre. Solía ser la que más amigos tenía de las tres hermanas y era, por supuesto, más invitada a salir. El Sr. Xantófilo, su padre, no veía con buenos ojos que su hija saliera tanto, sin embargo, confiaba en su buen criterio y también en sus amistades. Nunca se había metido en problemas a pesar de su repetidas ocurrencias que la había llevado en algunas ocasiones a tener diferencias en el colegio. Tenía 16 años, cabello castaño con pequeños destellos cobrizos, un aroma muy agradable al pasar. La recuerdo cada vez que me miraba porque me enamoraba al entrar por mis ojos. Vestía siempre diferente, de mil maneras y en todas nunca desaparecía su olor característico. Su ropa incluía muchos accesorios y amaba ponerse gorros cuando salía en las noches frías. Siempre se vio bella. Su gran sueño siempre radicó en querer ser un sabor inolvidable, que la gente disfrtara y que no solo conocieran su aspecto alegre. Ella también deseaba ser seria, tener su propio negocio y ayudar la gente de su comunidad. Tenía la energía, el carácter y, aunque la paciencia no era su don, aprendió en la búsqueda de sus ideales que era una de las cosas más importantes para lograr la calidad deseada en sus sueños. Tenía 16 años cuando la conocí.

Teobromina, ella quizá nunca me llamó tanto la atención, ya que su edad -14 años, no daba pare pensar cosas malas. Y efectivamente, su nobleza era incomparable. Amaba a los animales, aunque no le iba muy bien en clase de biología. No le gustaba mucho esa parte de trabajar con microscopios y bacterias, pero disfrutaba de las clases de educación física. A pesar de su corta edad, su belleza se trasladaba a su cuerpo de una manera que casi pareciera que hubiera nacido así con el. Era de tez morena, cabello café claro y ojos azules. Solamente su sueño radicaba en convertirse una mujer que pudiera ayudar a la gente a estar más feliz. Pensaba que en la medicina o en la psicología estaría su futuro. Pensaba de manera muy acertada para una mujer de su edad. Crucé algunas palabras con ella y aún recuerdo que su aroma era suave, con el toque de la vainilla y un olor a selva atractivo, tanto como el de su hermana Cafeína.


Las tres hermanas lograron cumplir su sueño y cada una vive aún, ya que fallecieron las tres en un trágico accidente automovilístico...






Sí, la vida no siempre es justa...




Aunque sus esencias aún viven.


Nicotina es parte de lo que da el placer más mundano: Alcanzó a fundar una fábrica de químicos donde fabricaban cigarrillos, insecticidas y medicinas. Sufrió demandas por malas prácticas, ética médica y otros. Nunca nadie pudo probarle nada. Jamás se casó, pero vivió absorta en un gran poder que domina a muchas personas hoy en día y domina la diversión distorsionada de muchos.

Cafeína pudo establecer un proyecto de producción de plantas con propiedades medicinales importantes y hasta casi entra a pedirle a su hermana Nicotina algo de ayuda al comercializar sus ideas. Nicotina no aceptó, pero Cafeína siguió y se convirtió en secretaria de agricultura de Polifenol, su ciudad. La posicionó como una de las ciudades más limpias en cuanto a agricultura, aunque esto contrastaba con el accionar de su hermana mayor.

Teobromina, por su parte, se dedicó a la medicina, como en un principio había deseado, y encontró que el chocolate podía hacer que la nobleza de la gente aumentara. Con ello, ideó una manera de poder incluirlo en la dieta de sus pacientes de manera segura y así los trataba. De la misma manera, había logrado establecer una compañía de salud muy respetada en su país.

Decidieron reunirse para el cumpleaños de su padre. El número 60 de aquel viejo Señor Xantófilo que lastimosamente no pudo controlar el auto en el que iba con sus hijas gracias a la imprudencia al volante de uno de los operarios de la compañía de Nicotina.

                                              *                             *                            *

La muerte y sus vicios.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Cianuro y Ricina

Las historias de amor suelen ser las más venenosas...


Cianuro, era un muchacho que vivía a las afueras de una ciudad plagada de fábricas de productos químicos. Era un muchacho que ya estaba para graduarse de la escuela, le quedaba muy poco. Era responsable, tenía gran gusto por el jazz y se grababa en su habitación con un viejo bajo que había logrado persuadir a un amigo que se lo prestara. Era de una familia de clase media, que no tenía muchos recursos económicos para pensar en costearle una universidad, pero habían logrado que estudiara con media beca en el mejor colegio de la ciudad. Quería ser artista o músico. Era bueno con su instrumento y su cuarto logró plagarlo de dibujos de una forma muy particular: empezó a tapizar las paredes con hojas de papel reciclado y cartón sobre la que con tintas orgánicas, acuarelas, unos óleos viejos que había encontrado en una tienda de pintura que quedaba a dos cuadras de su casa; hizo como si su cuarto fuera una porción invisible, retratando lo que estaba rodeando ese lugar exactamente como es, sin la perturbación de hormigón que le daba su habitación al paisaje. Su padre, Azeótropo, era un tipo bonachón, con bigote carboxilado y que lucía unas mancuernas eutécticas a toda hora con una camisa que impecablemente su esposa, Isoterma, le tenía siempre almidonada de manera perfecta. Azeótropo era técnico en jefe de la planta productora de alcohol rectificado, que era el combustible que movía a todas las máquinas, con mayor eficiencia que los octanos. Isoterma había logrado ser una importante estadista de una compañía de textiles sintéticos, pero fue despedida por personal molecularmente más calificado, de manera que se dedicó a las labores del hogar.

Cianuro tenía buena relación con sus viejos, aunque últimamente con su padre había discutido el proyecto de ampliación de la fábrica donde él trabajaba. Cianuro admiraba mucho cuanto había para dibujar, y usaba, curiosamente, modelos de esferas y barras en sus dibujos, que al mirarse de lejos, creaban una ilusión tridimensional del objeto que dibujaba. 17 años de vida, le habían otorgado ese don y también aquel de ser tratado como raro por muchas personas en su escuela. Aunque él nunca sintió que fuera de esa manera.

En las noches, salía en su bicicleta de níquel-cromo hasta una colina que quedaba casi al otro lado de la ciudad solo para ver como ese paisaje humeante de esa ciudad difuminaba la luz de las lámparas de sodio y película fosfatada que aún no tenían una mejora. Fumaba un cigarro, dibujaba, meditaba unos minutos y al final, en una banca y una caneca quedaban la cajetilla y las colillas de lo que había sido una noche productiva.


                                                       *                    *                    *

Ricina era una mujer de 17 años, muy hermosa, de una figura sutil y enérgica, como el carbohidrato del que estaba hecha, tal vez un poco presumida, por pertencer a la familia Lecitina, que se conocía por su poderoso imperio de productos alimenticios a base de soya, que se estaban convirtiendo en los preferidos de una sociedad consumista. Sin embargo, las apariencias engañan. Ella lograba ser una mujer que iba en contra de las convicciones de consumo de su familia, y a pesar de vivir en uno de los más lujosos vecindarios, nunca pidió más cosas que las necesarias. Su habitación, no era rosa, tenía paredes verde aceituna que le daban un aspecto lúgubre con conrtinas vinotinto, y en ellas montones de carteles y pendones de sus bandas favoritas: "Basofílica", "Billy Serotonina y Las Dopaminas", "Rocksótopo" y "Las Auxinas" sobresalían entre ellos. Un escritorio con un portátil, regalos insulsos y un armario lleno de botas de muchos colores, shorts de jean y bufandas. Sus primos la miraban como bicho raro por su vestuario y maquillaje, pero ya había dejado de ser complejo para la familia, entre la permisividad en la crianza que se habían dado todos. Tenía una mancha en su cintura, que tenía la forma del fruto del Castor, por lo que sus padres de ahí le habían otorgado su nombre.

Disulfuro y Glicosilasa se llamaban su padres, que querían siempre mostrarle una postura estricta, que Ricina siempre evadía con su elocuencia y la ayuda de sus amigas, a quien en realidad a veces solo veía como excusa para su soledad y para acompañarse a veces, a probar la nueva droga de moda en los bares clandestinos de la ciudad. Era delgada, odiaba la soya y los propios productos que producía la fábrica de su padre le daban náuseas. Aparecía a hurtadillas en su casa, con algunos miligramos de droga y alcohol en su delicado cuerpo, que incluso con un trajín casi diarío, no veía alteración en belleza. No quería estudiar economía, pero sus padres estaban dispuestos a convencerla a como diera lugar. Asistía a la Escuela Técnica Protéica y Lípida, la mejor de la ciudad.


(Sí, allí también estudiaba Cianuro)


                                                 *                               *                               *


Nunca se habían hablado, pero dicen en la química de la vida, que los compuestos con el mismo efecto se atraen, y por esas fechas, el curso en el que se encontraba Cianuro se enfrentaba en un partido de Atomofútbol, al curso donde estaba Ricina. El partido se había tornado de pierna fuerte, debido a que una voraz lluvia ácida había dejado el campo en muy malas condiciones, pero que el juez no decidió aplazar, pues definía la final del torneo en la Escuela. Ricina solo alentaba a sus compañeros que podían, eventualmente, darle información sobre los sitios donde podría ir a rumbear sin ser molestada por la PM. (Sí, la Policía Molecular). Y pues ella pagaba un precio alto por eso con una fama que le daba igual. Entre tanto, Cianuro solo era un simple lateral, que jugaba en el partido y era veloz. En todos los 13 partidos disputados, contando el actual, había marcado un gol, y ese había sido el que, al final, le daría la victoría a su equipo, que había ganado en el partido de ida y empatado en este, que había dejado más barro que buen fútbol.

Ricina se había ido antes del partido, detrás de uno de los muchachos de su curso, tratando de sacar una información en los vestieres de los muchachos. Todo mundo felicitaba, de manera sumisa al Cianuro, por el gol marcado en el patido anterior y sus compañeros estaban felices por acceder a la final, considerando la poca fe que se tenían al principio del torneo.Cianuro llegó al vestier y encontró a Ricina hablando con el otro joven sobre un lugar. Él no prestó mucha importancia, pero notó que se habían percatado de su presencia. Ricina, se despidió de su compañero con un beso que le tocaba la comisura de los labios, mirando a Cianuro mientras le decía: "21 horas! No lo olvides! Lleva a alguien más, nos hace falta completar las parejas." Y se alejó pasando por el lado de Cianuro hacia la salida, dejando una mueca pícara en el rostro que a Cianuro le pareció vacía, enfocándose en desamarrar mejor su guayo y sacar las canilleras. Ducha y a clase de artes. Cianuro al menos tenía algo para divertirse.

No sería sino hasta las 2 pm cuando las clases terminarían, y habría chance para el almuerzo, cosa que tenía impaciente a Cianuro. Que salío disparado del salón como chispa de dicromato de potasio cuando se le pone a una llama directa. No pudo evitar ver que Ricina, se alejaba sospechosamente del grupo de casilleros de su curso, siendo que el de ella quedaba quedaba en el otro bloque del colegio. Apuró en revisar y entre la rejilla encontró un pedazo de papel que decía: "A las 21 horas en la Colina Xenón. No celulares.".

Era la primera vez que recibía un mensaje así, y más de una chica que jamás había mostrado interés por él en ningún aspecto. De hecho, él pensaba que Ricina Lecitina era una de esas mujeres a las que hablarle sería una pérdida de tiempo porque parecía superficial y nunca se había detenido a contemplar algo o a destacarse académicamente en algo. Era una extraña para él.

Ricina maquinaba su plan: Una fogata con muchas drogas, trago y por qué no, diversión carnal con sus compañeros y otros amigos de otros colegios. Sería algo inolvidable para ella. A la final, sabría que sus papás pagarían el dinero que fuera necesario al colegio para no asumir la vergüenza de una reprobación académica, pero era lo que menos le importaba. Las drogas estaban en poder de Alginato, el compañero con quien Ricina hablaba en el vestier y que Cianuro sorprendió. Estaban Glicasa, Peptina y Metionina, Catalasa, y Edta en el grupo, que eran el "parche químico" de Ricina, y el terror de muchos en el colegio. Por los chicos, además de Alginato, iban Tanino, Gálico, Bismuto y Arseniato. Seis chicas y cinco chicos. El restante: Cianuro.

Cianuro casi ni almorzó y todavía tenía el papel en la mano, fue a su habitación, tocó un poco el bajo, y de la desesperación rompió la segunda cuerda, tocando una canción de Ella Bromotzgerald. Volvió a dibujar, pero sin la misma facilidad de antes, sintiéndose perturbado por la nota de Ricina. No lograba descifrar qué significaba eso. Pero casi a las 19 horas resolvió que iría. Total, estaba dentro de sus planes, ya que sería en la misma colina que visitaba todas las noches para dibujar y admirar la ciudad.

Ricina, a duras, penas, había parado en la casa a comer algo. No encontró a sus padres y ni se molestó en preguntar a alguien de la servidumbre. Solo se visitió en sus ropas algo descoloridas y "quimintage". Estaba emocionada, su mirada se iluminaba con el paso de los minutos.

Cianuro siempre llevaba su teléfono, que era muy sencillo. Solo le importaba estar en contacto con Isoterma, su madre, en caso de que algo le llegara a suceder. Siempre le enviaba mensajes de texto con su ubicación para no preocuparla. Esta vez dijo que iría a la cama después de la cena, luego salió por su ventana, dejando su celular en el nochero. Eran las 20 horas. Contó que demoraría una hora a pie en llegar a la Colina Xenón, incluso evitando pasar por el sector de "Boronx" (Sí, "Boronx", así suene raro o parecido a otros sectores de dudosa reputación en la vida real). Así que fue caminando y pasando por muchos lugares, que no había podido percatar con sus viajes en bicicleta. No todo iba mal esa noche para él. Pero con cada metro recorrido y cada minuto de viaje, se aumentaba la zozobra en su ser. Aunque, ya tan decidido, no se sorprendería de lo sucedido. Llegó a pensar que era una invitación a una secta, mientras dudaba en cruzar una esquina semaforizada que hacía el canbio de verde a rojo para el peatón. Al final la cruzó y siguió firme en el periplo y la colina solo estaba a menos de un kilómetro. 20:50 horas. Era el momento.

Cianuro llegó a la colina, era todo silencio y no le dio espera a un cigarrillo de los 13 que tenía en la cajetilla. Empezó a fumarlo, y ya eran las 21:02. Creyó que era una broma, pero prefirió otro cigarro para quedar con 11, y dijo que se iria pasados los 11 minutos. 21:10 y se levantó cuando escuchó una voz que dijo "¿No viste la luz amarilla al fondo? ¡Vamos!". Era Metionina, llamando al desprevenido Cianuro, que casi lanza una mueca de susto que solo logró hacerle caer el cigarrillo de la boca.

Un sendero lleno de bancas los llevaba hacia un pequeño lugar, donde escuchaban algunas risas, y estaban allí reunidos los ahora seis chicos con las seis chicas en torno a una fogata tan débil, que un Boy Scout podría haberse meado de risa por semanas. Habían bolsas, paquetes de snacks y una nevera con productos de soya que Alginato amaba comer y que solo Ricina encontraba desagradable.

Cianuro, llegó en silencio, se detuvo y dijo: "Lindo verlos por acá, pero en realidad prefiero ver otras luces más reales", e hizo seña de marcharse. En ese momento, Ricina dijo: "Futuro campeón, el triunfo no se logrará solo, pero nosotros tampoco lo garantizamos".

-"Precisamente, no me lo garantizan ni veo que aquí haya triunfo". Replicó Cianuro.
-"¡Qué cuadriculados son los del Orgánico 3!" (El curso de Cianuro).
-"¡Nou debwirn imvtrle!" balbuceaba Alginato, tragando una porción de torta fría de soya.
-"De verdad que no puedes ser más asqueroso, Algi. Cianuro, te invitamos es porque sabemos que no eres alguien que haga cosas comunes. Eres diferente". Dijo Ricina.
-Cianuro replicó: "De diferente ni de igual tengo nada. Yo me voy. Acá solo está la fracción de la escuela que siempre quiere dar de qué hablar."
-"Dibujar molecularmente y crear tridimensionalidad no es algo que todos tengan como don, Ciany. Créeme que eso te hace diferente". Contestó tácitamente Ricina.
-"Eso no te interesa, ni es gran cosa tampoco", dijo Cianuro.
-"No lo niegas, no lo afirmas, pero asumes que lo tienes. La culura Orgánico 3". Desdeñó Ricina. "Esto mejor lo discutimos con una botella de Fenol".

Cianuro tenía debilidad por el Fenol, era su bebida favorita, y aunque no era alcohólica, le provocaba serias sensaciones increibles. No de droga, pero sentía que podía dibujar por mucho tiempo. A veces pensaba que tenía algo, de manera que dijo: "Gracias, la cena me tiene lleno, así que iré a casa".
-"No niegues que no te gusta el fenol, es lo mejor y te hemos visto, todos, bebiéndolo a cántaros en el colegio".

No pudo resistir, aceptó centarse con ellos y beber fenol. Todos reían, empezaron a comer y pequeños cristales meth eran derretidos en cucharas que se pasaban a goteros. Goteros que caían en las bocas de todos, menos en la de Cianuro, que no tardó unos minutos más en saborear el primero, todo gracias a la cantidad enorme de fenol. Algunos habían bebido coctel de cloro ultravioletado, vodkadrazina, y licores más fuertes. Estaban un poco festivos, y habían aumentado la fogata. Alginato sorpresivamente había desaparecido con Metionina. Bismuto en su silencio, demostraba que podía hacer maravillas con sus manos que ya se adentraban sigilosamente en el cuerpo semi desnudo de Peptina, la chica de la fama de más "fácil" en la escuela y los demás se revolcaban entre risas eternas y llantos inexplicables del resto de integrantes de la docena de adolescentes. Cianuro solo vio un reloj de cesio que tenía en su muñeca y eran las 00:17 horas. No se sentía bien, pero a la vez logró sentirse pleno por muchos minutos: había tenido la conversación más extraña de la vida con Ricina.

Habían hablado de sus vidas, y ambos se habían contado de sus dones: El mencionado de Cianuro y su habilidad para el dibujo molecular que lograba volver en tridimensional cuando uno alejaba su vista de él. El de ella, simplemente había sido uno, y no era un don. Nunca lo había revelado a nadie, solo a él: no podía besar.

Al principio, Cianuro sintió que era una broma, y se rió, gracias a que el Fenol le había dado menos inhibiciones, pero al ver el rostro frustado de Ricina, detuvo la carcajada. Ricina dijo que se sentía miserable y que había tenido que decirle al chico que le gustaba que no podía besarlo, pero que haría cualquier cosa para que se sintiera satisfecho. Le confesó que el sexo le había parecido aburridor en la ausencia de un buen beso. Pero que igual, lo sentía genial.

Cianuro solamente le contó de sus sueños y de como había logrado desarrollar su habilidad de dibujo, la cual mencionó que no se percató de ella sino cuando tuvo la perspectiva de hacer que su cuarto se viera como podría quedar si los muros fueran casi que invisibles. Ella aseguró que querría verlo, en algún momento y que después de todo, al menos había encontrado a alguien interesante en el grupo de Orgánica 3.

Pasadas las 02:13 horas, solo estaban ellos dos, Cianuro y Ricina. Bueno, excepto Bismuto y Peptina, de los que ni se percataron, pero tuvieron su encuentro casi en sus narices. Rieron al ver como estaban abrazados rodeados de media docena de botellas de fenol. Fueron caminando por el sendero de la Colina, que estaba muy silenciosa, y siguieron hablando de la vida y de lo que querrían hacer. De repente, Ricina sintió una quemadura debajo de su seno izquierdo, que le molestaba, y que en dos minutos le hizo caer en brazos de Cianuro. Tenía una herida de bala que le hacía sangrar rápido a Ricina. Cianuro en su desespero solo logró cargarla en su hombro y bajarla por la colina hasta la Avenida Tecnecio, donde podría seguro conseguir transporte y llevarla al hospital.

Pasaron casi 6 minutos después del decenso, hasta que un taxi paró y los llevó camino al hospital. Ricina balbuceaba algo como "Sewn mguerf qrreo bfeszxo", al que Cianuro solo le pedía que se mantuviera, para saber que no había perdido la conciencia. Se lamentaba infinitamente no haber llevado el celular, pero no tenía más que seguir solo en el asunto.

Al llegar al hospital, entró por urgencias, y reportó el nombre a la enfermera: Ricina Lecitina. Todos corrieron a su reanimación, porque sabían que era la hija del gran magnate de los alimentos Disulfuro Lecitina. Su atención no se hizo esperar. No le permitieron pasar a la sala de cirugía y estaba nervioso. No sabía a quién acudir y su madre le recriminaría si le contara lo sucedido, pero lo pasaría. Su papá, lo mataría. Pensó por varios minutos. Resolvió llamar al bogotón.

En 25 minutos, Azeótropo cruzaba la puerta de urgencias y vio a su muchacho tirado en el suelo, esperándolo, cabizbajo. Corrió a preguntarle lo sucedido, lo sacudía y Cianuro solo miraba al suelo. A los 3 minutos entraron los Lecitina: Disulfuro, su esposa y el hermano del magnate, preguntando por Ricina. No mostraban signos tan evidentes de preocupación.

Una enfermera les aseguró que había llegado con un impacto de bala a urgencias, traido por Cianuro, (lo señaló). Disulfuro, quien llevaba una ropa cargo, de cacería, corrió a preguntarle a Cianuro lo sucedido. Este seguía sin responder.

Casi se arma una trifulca allí entre Disulfuro y Azeótropo. Que tenía pinta de irse a los golpes hasta que Cianuro gritó: "¡FUE UN MALDITO ERROR!"

Un silencio de casi 10 segundos quedó allí.Y entre llanto, Cianuro contó todo lo sucedido. Y pidió una cosa. Pidió que le dejaran ver a Ricina después de la operación.

Disulfuro solo lloraba. Había ido de cacería con su hermano cerca de la ubicación de la Colina Xenón. Disparó su rifle creyendo que era un Etanovenado.

Cianuro logró pasar a ver a Ricina, en coma. Inmóvil y frágil. A la final logró decirle: "siempre fuiste un buen error". La besó...


                                                    *                           *                          *

Ricina encontró a Cianuro sin vida a su lado.


domingo, 31 de marzo de 2013

Medianoche en Chernobyl

Una ciudad clavada en un pedazo que fuera soviético. No se necesita inspirar amor allí, no hay torres enormes, no era un lugar propiamente más que bañado por el verde estepario que cambia de gama con la estación del año. Lo que queda de un daño real y catastrófico que parece a esos momentos en donde culmina el amor. Chernobyl platica un suceso donde la radiación seca más que el propio amor, que el sacrificio de salvar a alguien que no conoces tiene mucho más valor que creer en tu propia sangre, en tu propia vida. Aún el daño se siente, aún ese sector se cae a pedazos, aún incluso se puede ver que a kilómetros de esa medianoche perfecta, no caduca la partícula alfa desviada por el negativismo de la realidad de un mundo que se magnetiza por estar conectado y no por hacer la propia introspección; no caduca la partícula beta que se desvía ante el positivismo de la solución que 600 000 personas le otorgaron a otros tantos millones solo para garantizar que la vida continuaría, insospechada y soluble en las nimiedades; no caduca siquiera la partícula gamma, como el mismo tezón de las personas que aún luchan por saber qué pasó ese agosto de 1986 y que aún tienen amor por ver como la energía es más poder que cualquier cosa en el universo, y que manejar la gente no es lo vital para seguir existiendo.

La medianoche rescata el amor en ese lugar, porque ahí, el xenón 135, un lindo isótopo que absorbía neutrones durante las reacciones en cadena para la producción de la energía. Fue una medianoche en la que se quería violar las reglas, se quería poner en juego la capacidad de responder ante una acción prohibida. Todo lo que se hizo necesario fue creer que se podía, tal cual como se alimenta un deseo de estar con alguien y ver que las posibilidades se disminuyen con el tiempo y los retos que se ponen.

Todos preparaban probar si se podía detener el flujo de energía y ver la respuesta de la turbina como generador propio y encendedor de los sistemas de emergencia en caso de que fueran necesarios para un evento similar. El asunto es que todo se violó, la seguridad, el poder de la energía, los circuitos. Todo cuando uno puede creer que sea humanamente posible para el control. ¿Qué estaría pensando un niño en Prípet en esa media noche? ¿Qué podría estar soñando ese pequeño soviético?

¿Cuántas historias de amor se escribirían entre el mismo licor que pudo haber invadido las calles ese día? ¿Qué olor se respiraría entre los besos con sabor a neutrones? Es mucha suerte probar un beso energético, pero a la vez se hace doloroso pensar que estar justo ahí, disfrutando de algo necesario para el alma, acabaría por dejarle dolor a la piela. Uno pensaría que un neutrón no haría mucho daño, que el cuerpo lo toleraría; no hay que olvidar que son las balas que dispara la energía cuando se le reta, cuando se le irrespeta y cuando se le trata como insegura y frívola.

El sacrificio posterior a esa medianoche inesperada del 26 de marzo de 1986 fue más loable que cualquier muestra de amor. Soldaditos de la edad de este químico mataron neutrones en una guerra contra la desintegración, una guerra liderada para reducir el numero de Roentgens (o mejor ahora, culombios/kg) en los indicadores. Una guerra por saber que contra lo que se luchaba era invisible, y que el amor por ver a alguien más feliz era mejor que luchar contra algo pequeño, totalmente imperceptible. Los amores que murieron, los hijos paridos, los que eran mórulas y blástulas, los que ya estaban soñando vivos durmiendo en esa media noche pagaron los besos, pagaron la prueba, pagaron violación a la energía. Esa niña fiera cobró caro, denunció el agravio que le propiciaron y recibió su recompensa y presenció de mano propia el castigo que merecía quien la tocó y la ultrajó.

Aún se recuerda esa media noche, aún se siente. Aún fue increíble ver como todo un sueño energético ardía a 2500 °C. Un sueño cargado de partículas alfa, beta y gamma, lanzadas a morro, jugando a destruir sin ser visibles y poniéndole orden a la misma entropía humana que es el mismo deseo de controlar todo, lo que resulta en la paradoja más hermosa que alguna vez se pueda plantear en la química y la física. Es el verdadero beso con energía, el que espero recibir algún día y morir en paz.

Chernobyl sigue siendo verde en su estepa, pero ahora gris, entre la dolomita, el plomo y el boro, compactados en un muro que evita que lo neutrones, como diabillos, como extraterrestres "terrestremente" conocidos propaguen un daño sucio. Más de 30 años han pasado, y solo hasta ahora se renueva la protección a paso lento. Chernobyl, en nuestra mente, dibuja un deseo que es solo un paso de la química y la física hacia un asunto meramente retórico. El mar no tiene tanto poder, la tierra no puede otorgar tanto estatus, el sol no puede quemar tanto la piel, el amor no puede dejar tanta huella como un ignorado neutrón.

jueves, 7 de marzo de 2013

Recuerdo Periódico

Recuérdame cuando sea hidrógeno, para que así sea el origen de tu universo.
Recuérdame en un beso que sepa a helio, para reducir tu voz a algo tierno y ser discontinuo y no monótono al quererte.
Recuérdame darme un poco de litio, en esa gaseosa deliciosa, para que no me vuelva loco por la falta de tus besos.
Recuérdame cuando en un trozo de esmeralda, el berilio brille con el verde de un llano precioso.
Recuérdame cuando puedas absorberme totalmente, como cuando el boro se convierte en el mejor cómplice de los amores complejos.
Recuérdame ser parte de tu esencia, de tu cuerpo, cuando me refugie en el carbono que habita en todo lado, hasta en lo más profundo de tus huesos.
Recuérdame ser esa atmósfera que es el nitrógeno, que tal vez no necesites, pero te da paisajes increíbles.
Recuérdame cuando se te acabe el oxígeno, porque te daría todo el mío para que respires a mi lado.
Recuérdame ser el flúor que bañe tu sonrisa, que permanezca blanca de tanta felicidad.
Recuérdame ser la luz de neón que ilumine tu camino cuando creas que debe haber diversión.
El sodio es perfecto si recuerdas que hace que vibre tu corazón.
El magnesio, tensando tus músculos, un recuerdo para cuando la desnudez y la fuerza argumenten nuestra pasión.
Liviano como el aluminio, el camino al tomar ese bus, sin destino alguno, solo una calle donde se cree nuestro amor.
A través de ese vidrio, recuérdame si me marcho, que el silicio te devuelva mi sonrisa para que creas fielmente que regresaré.
Como en la roca que hace que el fósforo brote de la tierra, ahí construiremos hogares para nuestros sueños, solo recuérdalo.
Que lo malo nunca contamine nuestro aire ni acidifique la pasión que crean nuestros labios y tu recuerdo al besarme. No nos sulfuremos mucho si nos molestamos por algo.
Una sal para una cena inolvidable, la que mejor permanezca en nuestro recuerdo con el cloro más puro.
Brilla azul, en mis ojos saturados de argón al recuerdo.
Recuérdame en una mordida de una fruta que tranquilice tu corazón al pensarme, el potasio te hará bien.
Fortalece mi cuerpo, con un apretón de tus huesos, del calcio que en mi recuerdo pide a gritos un abrazo.
Escandio al brillo, titanio a la pureza, vanadio a una molécula, cromo a tu color de piel; manganeso a tu esencia, hierro a tu sangre preciosa, cobalto y níquel a tu rareza, cobre para el precio que el zinc me da para proteger este amor. Súmale recuerdos a un beso "galio" en la Torre Eiffel, recorriendo terreno "germanio" después, envenenándome de besos arseniosos, que el cerebro con selenio me revive en esa rica cena que baila entre un pan bromado. Un cristal de kriptón para adornar tus manos; recuerdos de un viaje inesperado.

Explotan fuegos pirotécnicos rojos, cargados de rubidio y estroncio, entre un helaje de itrio. Recuerdo de una tarde memorable.
Que sea mentira lo falso de un zirconio, lo burdo del niobio, y lo ambiguo del molibdeno para describir mi amor, mi recuerdo y mi anhelo de ti.
"Tecnécicamente" hablando, yo sinteticé tu recuerdo.
Un anillo de rutenio o rodio para sellar mi unión a ti, ya no es recuerdo sino un sueño.
Tus besos me contaminan y me hacen explotar. Lo hicieron esa vez, entre brillos de chapas bañadas en paladio, joyas de plata y tintas de cadmio de los periódicos que la gente tira a la calle. Lo recuerdo bien.
Este deseo tiene que ser indio, en la cama acompañados de algún enlatado que fue cubierto con estaño, soldado al buen antimonio y dejando al telurio y a la pereza que nos tomen abrazados. Y sumo más recuerdos.
"¿Te estaño y yodo?" El chiste que te hará poner cara de que no te gusta que te hable de química, pero no está oculta aquí. Lo hago bien para que lo recuerdes. Y bríllame como xenón, para que me ilumines el camino de regreso.
Mide el tiempo, en lo posible con reloj de cesio, para que los metros que esté sin ti sean exactos y se reduzcan cada vez más. Solo recuerda eso.
Si voy a ser tu contraste como bario, entonces que todo tu cuerpo se extrapole a mi piel, pero ya no quiero que tenga que ser un recuerdo.
Sé rareza, como los lantánidos. Sé única, que así te recuerdo más.
Analízame con lampara de Hafnio, si la puedes ubicar, si lo puedes recordar.
No te puedes fundir, y aguantar mi ausencia cual cordón de tantalio o tungsteno en un bombillo que brille aún más con mi llegada. Ahí debes recordarme.
Tu sonrisa no puede invadirse por renio, osmio, iridio o platino. Jamás descuides tu belleza o mi recuerdo puede fugarse.
El oro de tu amor siempre será suficiente para que yo mismo te recuerde.
Nunca quiero contaminar este amor como minero sacando oro con mercurio y matando todo lo bueno y natural que siento. No podría recordar eso.
Solo el plomo acaba con los sueños de respirar y de vivir. Caer en la ambición de pesar más en lo cierto, puede quitarnos la alegría y luego vivir en la incertidumbre. Que no sea ese nuestro recuerdo.
Todo lo demás será para probarme tu amor, para probarme a mí mismo, por eso desde el bismuto hasta el laurencio, yo intentaré descubrir más de mí, sintetizarme en tu vida y llegar al pleno recuerdo precioso que atesores en tu corazón.

Todas mis propiedades pueden ser un enigma con el resto de elementos, pero algo es cierto. Tienes toda una vida para descubrirme, acertar a bombardearme con tu amor, y se genere energía radiactiva que nos haga cada vez más felices. Lo periódico no necesariamente debe ser monótono y puede llegar a ser tan divertido como aprender cualquier cosa. Lo periódico me va a acostumbrar a ti, pero tengo 118 razones para ser más feliz así estés lejos. No va a importar.

Lo importante es solo esto: recuérdame periódicamente.